CATEDRAL
La larga tradición de Sonsón, sumada al auge económico de finales del siglo pasado y primeras décadas del siglo XX, forjó en la población una mentalidad con un fuerte sentido de identidad local.
La gesta colonizadora del sur y la labor empresarial
estarían en el horizonte del pasado y el futuro de sus más eximios hijos. Había
además apellidos ilustres que desde el siglo XIX habían contribuido a llenar de
gloria a los hijos de estas tierras: militares, sacerdotes, hombres de letras,
políticos, etc., recorrieron valles y montañas sembrando obras, gracias a su
recio espíritu emprendedor y fundador.
El empuje y la vitalidad sonsoneña se frenaron desde los
años treinta del siglo XX. Sin embargo Sonsón mantuvo su presencia en los
sitios de paso hacia Bogotá por la vía a la Dorada. La producción del café, el
ganado y la papa fortalecieron nuevos grupos sociales que lentamente irían
desplazándose de la vereda a la cabecera. Esta migración del campo hacia los
centro poblados se aceleró seguramente durante el período de la violencia de
los años cincuenta. La estructura ideológico-política conservadora clerical, se
vió conmovida con los acontecimientos de abril de 1.948.
En la década de 1.960 se presentó un suceso conmovedor
con la destrucción de la catedral por un terremoto, que era símbolo de Sonsón
por excelencia, conservado en la memoria de sus pobladores actuales. Con sus
ruinas podría haberse extinguido el último hálito de la sociedad sonsoneña;
pero fue todo lo contrario, renació Sonsón. Volvieron en persona y en acciones los
hijos pródigos. Las instituciones viejas y nuevas asumieron la tarea de convocar a todos los
sonsoneños de familia y corazón para que le devolvieran a la tierra su sello auténtico.
El terremoto, como todo mundo dice, tocó una de las fibras más sensibles de la
identidad. Unidos, se pusieron en la tarea de reconstruir su símbolo.
REFERENCIAS:
Colección de estudio de localidades, INER-CORNARE,
Sonsón, Pág. 77 y 78.
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